Sigues brillando Ángel
“La única discapacidad en la vida es una mala actitud” Scott Hamilton
Ángel y María Jesús nos reciben en su casa de un pueblecito de Valladolid.
-Perdonad que no me levante- Dice Ángel desde su silla de ruedas.
Fue el 18 de enero, hace ya cuatro años, en una concentración motera, en una curva y sin saber hoy en día que fue exactamente lo que pasó. La moto no giró correctamente y salió volando. Su hijo iba delante de él y lo vio todo por el retrovisor. Cuando llegó a su lado Ángel le dijo: – Estoy roto, dile a tu madre que la quiero mucho.
–Uff…Qué duro no?- Le digo.
-Mucho… mi hijo lo tiene muy grabado.
Se había jubilado recientemente y se acababa de comprar el coche que siempre había querido, y después de toda una vida trabajando había llegado el momento de viajar.
Cuando llegaron al hospital escuchó a los médicos decir que tenía astillas en la médula. Sabía que no pintaba bien.
Primero le dieron la noticia a su mujer, y después se lo dijeron a él, y de la misma forma que llevaba haciendo 35 años ella no se separó de su lado ni un momento.
Se fueron a Toledo, donde se encuentra el hospital nacional de parapléjicos, y lucharon mano a mano: -Me decían que tenía que hablar con los psicólogos, que tenía que llorar, y les dije que no tenía tiempo para llorar, que tenía que cuidar a mi marido.
Todos los días van juntos a rehabilitación en la fundación Aspaym, y cuando la ocasión lo permite viajan a Madrid a consulta con un fisioterapeuta especializado. Saben que en Madrid se lleva a cabo una investigación con células madre y María Jesús está haciendo todo lo posible para que Ángel pueda entrar en el programa. –Es muy difícil que te llamen, pero yo estoy dispuesto a que experimenten conmigo todo lo que quieran- Nos dice esperanzado.
En estos cuatro años Ángel no ha soñado nunca que está en una silla de ruedas, en sueños él sigue caminando, y nos cuenta que curiosamente el sueño que más se ha repetido a lo largo de su vida era que se salía de una curva con el coche. Ironías de la vida.
Cuando les preguntamos sobre las dificultades que se encuentran cada día, en ningún momento nos hablan de apatía y desgana, sino que nos hablan de calles demasiado estrechas, de bordillos demasiado altos, y de aparcamientos para discapacitados que no se respetan.
-La gente por lo general es educada y respetuosa, y se muestran dispuestos a ayudar, pero a la hora de aparcar se les olvida. Actualmente hay una campaña muy buena que se puede leer en las señales que marcan estos sitios: “Si me quitas mi plaza, quédate con mi discapacidad”
Cuando le preguntamos a Ángel que qué es lo que más echa de menos no nos habla de ir en moto, nos habla de poder coger el coche e ir donde quiera sin tener que pensar si va a poder aparcar, o bajar del coche sin que una acera alta se lo impida. También nos habla de viajar, nos dice que nunca volverá a subir una montaña…Terminando con un “podría haber sido peor”
No hay más que mirarles a los ojos para saber que SIGUEN BRILLANDO, que a pesar de las dificultades miran al futuro con determinación y fuerza.
Salimos de su casa e intentamos “ponernos sus zapatos” en nuestro camino, fijarnos en cómo podríamos hacer el mismo trayecto si fuéramos sobre ruedas. ¿Cuánto creéis que tardamos en hacer un recorrido de media hora andando? No os vamos a responder, sino que os invitamos a que un día lo probéis, a que intentéis hacer lo mismo que hacéis un día cualquiera pero imaginando que vais sentados en una silla de ruedas y actuando en consecuencia. Os aconsejamos que si vais a hacerlo un día laboral salgáis de casa con bastante tiempo para no llegar tarde.
Nuestra reflexión sobre el tema es clara:
Concienciación: Si realmente hubiera una concienciación social habría respeto y habría muchos más programas de investigación. Se estima que una de cada cien personas van en silla de ruedas, y nos parece un porcentaje lo suficientemente alto como para tenerlo en cuenta. La libertad que sentimos dando un paseo no es igual para todos…
Nos falta mucho respeto por aprender. La accesibilidad no debería ser un impedimento, debería ser un derecho de cualquier ciudadano.
Mil gracias pareja por compartir vuestra historia con nosotros.
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