Seguís brillando, Paloma e Ismael

“La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.”

Jorge Luis Borges

Paloma, nuestra protagonista de febrero, sabe que esto no siempre es así.

El 13 de febrero de 2014 fue al hospital de la Paz en Madrid a consulta en monitores. Era jueves y se cumplía la 40 semana de embarazo. En casa estaba todo preparado para Andrea, una niña muy deseada que había tardado cinco años en llegar.

Cuando entró a la sala había otras mamás monitorizadas y sonaban corazones por todos los sitios. Se tumbó, y mientras la matrona colocaba las correas alrededor de su barriga afinó el oído para escuchar un latido que nunca llegó.

A partir de ese momento se creó un vacío que nunca volvió a llenarse.

-No me lo podía creer –recuerda Paloma-, sólo quería que me la sacaran e hicieran lo necesario para que su corazón latiera. Después sólo quieres morir, pero no te mueres…

Durante mucho tiempo la muerte perinatal ha sido un tema tabú, algo que se escondía, que se tenía que olvidar y hoy en día todavía no existen unas pautas generales de actuación. Todo depende de la experiencia y sensibilidad que tenga el equipo sanitario.

Paloma e Ismael, su marido, han contado desde el primer momento con la ayuda de grandes profesionales y hoy en día ya amigas: Sole, la matrona que llevó el parto, Matilde, que les atendió psicológicamente en los primeros momentos, tanto a ellos como a los familiares que estaban allí, y Cheli y Fabi, que fueron en contacto con asociaciones y grupos de apoyo como Umamanita y círculo de familias en duelo, y donde pudieron conocer parejas, como Marisa y Miguel que estaban en su misma situación. –Necesitaba hablar con alguien que me entendiera, que no me dijera cosas vacías. Alguien que supiera lo rota que estaba, la mierda que era todo, el sinsentido, el vacío. -Cuenta Paloma- A la gente le incomoda que hables de tu hija muerta. Te dicen frases como: “Eres joven, tendrás más hijos”, “La naturaleza es sabia”, “Dios lo ha querido así”, “Peor hubiera sido que naciera viva y se muriera después”… Y tú, que te conformarías con un abrazo y un te quiero, te preguntas si a una persona que ha perdido a su padre, a su pareja o a un amigo le dirían todas esas barbaridades. Tú has sentido a tu hija, has vivido con ella nueve meses y has imaginado toda una vida con ella, pero como los demás no lo han visto no tiene derecho a existir.

La legislación tampoco ayuda a que estos bebés tengan cabida en la sociedad. Nos muestran el documento donde se califica a Andrea como “restos abortivos”, y cuando nos enseñan la única foto que tienen de ella vemos una niña preciosa, totalmente formada y dormida. Hoy en día bebés como Andrea no aparecen en el registro civil.

Actualmente Paloma e Ismael han formado una familia muy especial: Una estrella en el cielo llamada Andrea, un arco iris llamado Íñigo y un sol llamado Mateo.

Paloma está coordinando un grupo que se llama “la vida que sigue”, en el que hablan de su vida actual, de cómo extrañan a sus hijos hoy. –Cuando la pena, la rabia y la ira no es lo único que domina nuestra vida-nos dice.

-Qué le dirías a alguien que esté pasando ahora por la misma situación?

-Que no tiene que ser fuerte, que no deje que nadie niegue a su hijo, que llore, que odie, que se tome todo el tiempo necesario para que la calma gane un poquito de terreno al dolor. Que se haga fotos, que tome huellas… que no rechace cualquier recuerdo aunque ahora esté perdida porque en un futuro lo querrá. Y que el dolor no se pasa nunca pero que si le sirve de algo en mi casa, este diciembre y gracias a mis dos tesoros… ha vuelto la navidad.

Paloma e Ismael brillan porque tienen su propia estrella.

Comparte esto: