Sigues brillando, por la igualdad de género

“Cualquiera que sea la libertad por la que luchamos, debe ser una libertad basada en la igualdad” Judith Butler

Este año marzo ha sentado un precedente en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Queremos apoyar la causa y nos permitimos una excepción: Este mes no es para una única persona, sino para todas las personas que con su lucha pacífica consiguen que todos podamos brillar igual, sin importar nuestro género.

Hemos reunido detalles sacados de casos reales que han ocurrido en los últimos cincuenta años. Aquí, en España. Ella es real, él es real, y seguramente te hayas cruzado con ellos por la calle alguna vez.

Marzo se lo dedicamos a ellos:

A ella, que cuando su marido enfermó tuvo que sacar a sus hijos adelante limpiando casas de otros porque era lo único que le enseñaron a hacer.

A él, que tuvo que casarse con su prima tras quedarse huérfana porque estaba mal visto que una mujer soltera viviera en una casa con tres varones.

A ella, que vio como sus hermanos marchaban a la escuela mientras ella tenía que ayudar a su madre en casa.

A él, que se puso delante de su madre con sólo diez años para evitar que su padre la golpeara.

A ella, que llegaba más tarde del trabajo que su marido y tenía que seguir trabajando en casa mientras él veía el fútbol.

A él, que cuidó de su madre cuando los demás se desentendieron.

A ella, que no se atrevió a decir que no quería seguir porque había sido ella la primera en besar.

A él, que acompañaba a su amiga a casa todos los viernes aunque viviera en la otra punta del pueblo “por si acaso”.

A ella, que aguantó insultos por su minifalda.

A él, que no pensó que su minifalda le daba derecho a nada.

A ella, que cuando fue a denunciar malos tratos dudaron de su palabra porque “no cumplía el perfil de mujer maltratada”.

A él, que pidió a su jefe el mismo sueldo para la compañera que hacía su mismo trabajo.

A ella, que le preguntaron en una entrevista de trabajo que si quería ser madre y se levantó y se fue.

A él, que siguió a escondidas con sus clases de ballet aunque fuera “de chicas”.

A ella, que eligió un trabajo “de hombres” para demostrar que no existen los trabajos “de hombres”.

A él, que no le da vergüenza llorar aunque sea de “nenazas”.

A ella, que no la importa no llevar maquillaje aunque parezca un “chicazo”.

A él, que tuvo que volver al trabajo al mes de que naciera su hija para que pudiera quedarse su mamá con ella.

A ella, que tuvo que almacenar leche en el congelador de su casa para poder amamantar a su hija a partir del cuarto mes que se incorporó al trabajo.

A ellos, que educaron a sus hijos y a sus hijas con los mismos derechos y obligaciones…

A todos los demostráis cada día que todos somos iguales.

Gracias.

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